
Varios cientos de miles de turistas extranjeros visitan a la ciudad de Cusco al año, para una población local que apenas sobrepasa los 330 mil habitantes, esta presencia es muy notoria. De hecho se podría decir figuradamente que el turista se ha apropiado del centro histórico de la ciudad. allí donde antes vivía una familia acomodada, ahora funciona un hostal, donde había un zapatero, ahora hay una lavandería rápida, donde estaban los comercios de ropa o abarrotes o pasamanería, ahora hay agencias de turismo, souvenirs, casa de cambio etc etc. Son los efectos indeseables de una mala planificación de esta importantísima actividad económica, pero es también el precio de la ciudad debe pagar por la actividad que le da sustento.
En las dos o tres décadas de convivencia con el turista, el cusqueño está cambiando, mal que le pese. Los único en contactarse por mucho tiempo fuero los guías y empleados de hoteles y agencias de viaje. Luego siguieron los bricheros, especie de gigolos andinos, que enamoran las extranjeras explotando el interés de estas, por el andino, y por los incas. A los bricheros se le sumaron las bricheras, jóvenes cusqueñas que además de diversión, buscan un trato distinto, más igualitativo, con el varón. Y con el tiempo, los diversos locales, que antes solo atendían turistas, desde pubs hasta pizzerías, se fueron llenando de cusqueños de ambos sexos, deseosos de departir con los viajeros de todos los puntos del planeta que llegan a la ciudad de Cusco.







